Sadismo y visitas sexuales en la España de la Inquisición
Una epidemia de flagelación apareció en la España del siglo XVI, y más o menos duró hasta bien entrado el siglo XVIII. Entre los primeros flagelantes pasivos de los que se tiene noticia se cuenta a Francisco Navarro, arciprieste de Málaga, procesado en 1745, ya que su criada lo denunció porque la obligaba a zumbarle con una vara. Según cuentan las crónicas, un día, después de recibir su tunda de golpes, el arciprieste quiso prolongar la sesión besando el orifício de la criada (así denominado en los papeles del proceso), pero ella, que era decente, se negó y lo denunció a la Inquisición.
En aquella época había tal neurosis sexual que incluso sesudos tratadistas analizaban el sexo de los distintos diablos (machos o hembras) que tenían comercio carnal con las personas. Y todo ello basado en algunas doncellas que, atormentadas por insomnios, denunciaban que el diablo las visitaba. Por ejemplo, Sor Ana de Ávila, la cual declaró que cuando se acostaba “sentía sobre ella el peso carnal de un hombre”. O sor Juana de la Cruz, del monasterío de la Encarnación de Mola, que según decía un íncubo sádico le propinaba grandes palizas y en una ocasión se le apareció en figura de etiope generosamente dotado e intentó violarla. O también el caso de una beata de Aguilar, que al parecer recibió las visitas sexuales de un íncubo durante 30 años, y el imaginativo diablo a veces se le aparecía en figura de Jesucristo.
Tags: diablos, fantasías, historia, inquisición, religión, sadismo, sexual

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