La odiosa costumbre del onanismo
La primera obra literaria que trataba el onanismo apareció a comienzos del siglo XVIII y su autor fue un tal Bekker, que la titulo asÃ: “Onania, o el infame pecado de la masturbación, sus terribles consecuencias para los dos sexos y los consejos espirituales y fÃsicos concernientes a quiénes se han visto perjudicados por la práctica de esta odiosa costumbre”. De traca, ¿eh? El libro no tuvo mucho éxito, pero un siglo después, y en base al mencionado manuscrito, se publicó la tesis doctoral de Tissot, bajo el tÃtulo El Onanismo, y éste sà tuvo una buena acogida, descubriendo a la población de la época los horrendos peligros de la masturbación y que el autor calificaba de “infierno en la tierra”. Por poner un ejemplo, el amigo Tissot describÃa un caso en el que dos hombres se entregaban a esta práctica, y mientras uno enloqueció, el cerebro del segundo se secó hasta tal punto que se oÃa un ruido mate bajo su bóveda craneana. ¡Toma tomate! Pero eso no es todo, ya que además culpaba a la masturbación de ser causa de parálisis, epilepsia, tuberculosis, ceguera, debilidad de espÃritu, locura, reumatismo, gonorrea, priapismo, tumores, hemorroÃdes, diarreas, homosexualidad femenina y, finalmente, la muerte. En fin, para echarse unas risas. ¿O no?


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En realidad la primera referencia al onanismo es algo más antigua, amigo Star, bastante más antigua.
En concreto del siglo V al III antes del nacimiento de Cristo.
Esta referencia que se puede leer en uno de los primeros libros de la Biblia, narra como Onan, de ahà el nombre, tuvo que desposarse con la viuda de su hermano, para darle hijos al hermano (las antiguas leyes de Israel tenÃan poco aprecio por la genética) y no deseando tan cosa, cuando yacÃa con su cuñada-esposa no llegaba a consumar el acto procediendo a eyacular fuera de ella (aunque la biblia no describe la técnica, es fácil saber como y porque el nombre de Onan ha pasado a asociarse con la masturbación) hasta que esta le engaño disfrazándose y haciéndose pasar por prostituta en el puerto de Alejandria.
Lo más curioso es que esta es el único método anticonceptivo que describe, y condena, la Biblia, conocido como marcha atrás, y sin embargo uno de los pocos aceptados por la Iglesia por ser método natural.