El niño grúa
Michel era un niño nacido de la violación de una adolescente y hasta la edad de dos años vivió con su madre en un piso junto a un solar en construcción. Por desgracia, la madre se pasaba el dÃa fuera de casa y apenas era consciente de la presencia del niño. Los vecinos estaban alarmados por los lloros del pequeño y muchas veces, cuando llamaban a la puerta para pedir a la madre que lo calmara, descubrÃan que el niño estaba solo. Asà pasaban las semanas, hasta que un dÃa el niño dejó de llorar. En los dÃas siguientes el silencio continuó, los vecinos llamaron a los asistentes sociales y el niño fue descubierto echado en la cama, junto a la ventana.
Estaba vivo y presentaba un aspecto saludable, pero habÃa una cosa rara: a cada pocos minutos se acercaba a la ventana, levantaba los brazos, los movÃa dando sacudidas y emitÃa extraños chirridos con la garganta. ¿Qué estaba haciendo?, se preguntaron los asistentes sociales. ¿A qué clase de juego estaba jugando? Miraron por la ventana y descubrieron varias grúas, que agitaban bolas de hierro para la demolición. Cuando la grúa se levantaba, Michel se levantaba moviendo los brazos; y cuando los frenos chirriaban y el motor zumbaba, él chirriaba con los dientes o zumbaba con la lengua.
Lo cogieron y se lo llevaron, pero entonces empezó a llorar. Era imposible calmarlo, completamente desconsolado al verse separado de su auténtica madre. Años más tarde, siendo un adolescente, seguÃa moviéndose como una grúa, hacÃa ruidos como una grúa y, aunqué los médicos le enseñarón muchos dibujos y juguetes, sólo respondia a los dibujos de grúas y sólo jugaba con los juguetes de grúas.
Fuente: David Leavitt, de El lenguaje perdido de las grúas. Incluido en una colección de artÃculos de psicoanálisis.
Tags: curiosidad, curiosidades, infancia

Blog compatible con Dispositivos Móviles.
Comentaristas más activos