Sadismo sexual en tiempos de la Inquisición
En la España del siglo XVII el dolor fÃsico o psÃquico suscitaba tal enfermiza pasión, que los enamorados se regalaban pañuelos ensangrentados, el pueblo presenciaba entusiasmado los autos de fe y las ejecuciones públicas, y la devoción popular se manisfestaba en el uso masivo de cilicios, flagelaciones y la contemplación de las imágenes torturadas de Cristos ensangrentados y de VÃrgenes traspasadas por puñales. Además, el populacho se recreaba en el martirio de los Santos y los retablos eran un museo de los horrores adornado de cabezas cercenadas, pechos cortados y hombres despellejados o asados.
Un curiosidad de aquella época era que cada cierto tiempo, los cornudos consentidos más notorios de la ciudad desfilaban por las principales calles desnudos de medio cuerpo para arriba con sus esposas azotándoles la espalda con ristras de ajos. Y otra, que los predicadores se recreaban en el relato de hazañas tan espeluznantes como la de doña MarÃa Coronet, que “estando su marido ausente, vÃnole tan gran tentación de la carne que, por no quebrantar la castidad, metióse un tizón ardiendo por su miembro natural, del cual murió”. Por cierto, la momia de la señora se venera en el convento de Santa Inés de Sevilla.
Tags: antiguedad, flagelación, inquisición, religión, sadismo, torturas

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